viernes, 5 de marzo de 2010

La reverencia por la vida

Albert Schweitzer hizo la apuesta más difíc de hacer en estos tiempos. Pidió por la reverencia de la vida en todas sus formas, desde el pequeño animalito acuático, acaso sin nombre, hasta el más grande los mámiferos. Y por cierto que la reverencia de la vidas del ser humano, lo menos fácil de lograr en tiempos como estos y los que él vivió en que la condición humana era la más vulnerada a lo largo y lo ancho del planeta. Planteó una filosofóa, una forma de vivir, que hoy es más que nunca una forma extrema de la utopía. Vivimos el tiempo del desprecio de la vida del hombre. Las guerras no cesan, los grandes intereses tampoco, el tratar de ayudar a los que menos tienen, que cada vez son más, no sólo se hace más dificil, noi tan siquiera importa. A veces la naturaleza pone las cosas en su lugar, no el hombre, no el poder que ejercen ciertos hombres con la cuota de estupidez necesaria para actuar como actúan. Habría que escribir un nuevo tratado sobre el tema, hacer que ese hombre formidable adquiriera actualidad. Los más jóvenes ni parecen conocerlo. Pero páginas como estas ayuda, no debemos abandonarlas, todos los días debemos agregar algo, aún un breve pensamiento que ayude pensar a esosd que ni tan siquiera piensan. Gary Vilas Ortiz. Rosario. Argentina.

2 comentarios:

  1. Hola Gary. Felicidades por tu Blog.
    Tengo un artículo sobre Igor Stravinsky y su Concierto de Ebano que dedicó a Woody Hermann en 1945. Yo subí la interpretación de la Oruqesta de la BBC. Puedes accesarle en
    http://jazzconsaxofon.blogspot.com/2009/07/woody-herman.html
    Un abrazo
    Abel

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  2. Algunas anécdotas del gran Albert, lo retratan completo en su belleza de vivir.

    * * * Albert Schweitzer escribió en una carta: “Le digo yo a mi médico: Si sólo escucha a su corazón comete 5% de tonterías, pero si no lo escucha cae en 75% de necedades”.

    Como médico les digo a las personas por encima de los sesenta años: “La mejor recomendación es trabajar intensamente, y después, trabajar más fuerte”.

    Los negros del pueblo movían la cabeza incrédulos viendo al doctor viajar en su bicicleta, y decían: “Qué flojos son los blancos, que hasta cuando corren, quieren estar sentados”.

    Dos estadounidenses que visitaban a Schweitzer confundieron a él con Einstein, mas el doctor les aclaró: “Nuestra mata de cabellera es casi igual, pero lo que se produce en nuestras cabezas luce completamente diferente”.
    Saludos

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